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La Ley de Medios 
y el monopolio de la comunicación

Juventud del Frente Progresista y Popular



Este es el mapa de medios actual en la Argentina. Sin manipulaciones, sin inventos, sin opiniones ni posiciones ideológicas; así como se ve en la “radiografía”. Esto es una información objetiva: los medios de comunicación están monopolizados.

El simple hecho de que no haya pluralidad, pulveriza la tan importante “libertad de prensa”, echando por tierra la libertad de expresión.

Cualquier aspecto de la realidad puede estar distorsionado o tergiversado por este control prácticamente unánime de los medios masivos de comunicación; y lo cierto, es que nos encontramos sometidos a una elite informativa que se encarga de transmitirnos todos los acontecimientos de la vida social, económica, política y cultural del entorno que nos rodea, sin ningún tipo de restricción o control. Esto es así y es importante saberlo.

Y es importante saber también, que desde siempre, y aún más en la realidad de hoy, los medios de comunicación ocupan en nuestra vida un papel más que trascendental, diría prácticamente primordial. Los medios tienen una finalidad social de la que no pueden, o no deberían, apartarse. Son casi nuestra única fuente de conocimiento del mundo que nos rodea y adquieren una fuerza indestructible como vía para reprochar, exigir y manifestarnos frente a la dirigencia política.

Pero el inconveniente principal es que, desde hace tiempo, los medios de comunicación se han separado por completo de su fin axiológico de apuntar al bien común, para priorizar la finalidad lucrativa de sus intereses, respondiendo a grandes corporaciones y a capitales de poder. Los medios dejaron de ser un interlocutor objetivo entre el gobierno y la población, para pasar a ser un arma de fuerza y poder que se ofrece al mejor postor. Los medios hoy en día son una mercancía que se vende en el mercado. Es triste, pero es así.

Y esta situación empeora evidentemente, si encima, toda esa gran fuerza informativa con fines de lucro, se encuentra monopolizada. Mas aún, la situación actual es todavía mas grave, teniendo en cuenta que muchos años atrás, los agentes encargados de transmitir información eran personalidades mucho mas cultas, con mas conocimientos histórico-sociales y técnicos; ricas en estudio. Antes, los periodistas eran primeramente economistas, sociólogos, abogados, etc. y después se orientaban al periodismo a través de la práctica constante.

Hoy en día, el periodismo, genéricamente hablando, no tiene ni siquiera una base de conocimiento general fuerte. En la carrera de periodismo, se transmiten básicamente muchos conceptos y formas de redacción y formulación de notas, que sin duda constituyen un aspecto importante para la conformación del periodista; pero no se puede dejar de considerar un conocimiento de cultura general de base para desempeñar la tan importante tarea de la comunicación.

No decimos tampoco, que los periodistas sean ignorantes, definitivamente no. Pero lo cierto es que están “adiestrados” o condicionados para publicar y transmitir exclusivamente lo que vende, no importa lo que sea. Hay que ser siempre el primero, el mejor, el que muestra lo nuevo, lo diferente, lo trágico, lo terrible. Y aquellos que tengan vocación de “buenos” y tengan valores éticos fuertes con intenciones de cumplir con eficiencia y honestidad el verdadero y tan importante rol de los medios de comunicación en la sociedad, se van a chocar con el gran monopolio, con la concentración absoluta de los capitales de información que imponen firmemente su condición dominante.

Hay que tener presente, además, que la realidad de hoy, y desde hace ya varios años con el auge de la globalización tecnológica e informática, nos plantea un escenario de mediatización de la política, con liderazgos y candidatos guiados por el marketing, que se ven fortalecidos e impulsados, o desacreditados y desterrados, por al accionar de los medios de comunicación.

El oportunismo electoral reemplazó la ideología o, por lo menos, la ha desplazado del centro de la escena política. El sistema de partidos entró en crisis, y los referentes personales se sitúan por encima del ideal político en su conjunto. No cabe duda que los medios son absolutamente tendenciosos. Crean y manejan la totalidad de la opinión pública, moldeándola y dándole forma para guiarla a su merced, todo según convenga.

Creemos que no se pueden dar muchas vueltas para afirmar que la sanción de una nueva ley de medios en la Argentina era una deuda pendiente desde el retorno de la democracia.

Alcanza con saber quiénes promulgaron la vieja ley para fijar una posición; pues aquellos que rubrican aquel texto son los responsables directos de la represión más brutal y sangrienta de nuestra historia, cuyo resultado han sido miles de desaparecidos, de encarcelados, de exiliados y de expulsados del sistema. Aquel decreto de radiodifusión lleva la firma de Videla, Martines de Hoz y Harguindeguy.

Una nueva ley de medios que reemplazara la de la dictadura era una deuda histórica de todos los argentinos, y no de un gobierno. Esto es importante destacarlo para que no se confundan ni se mezclen las cosas: que la nueva ley de medios haya sido impulsada por el gobierno nacional, no quiere decir que tengamos que ser kirchneristas para apoyarla.

Esta Ley encuentra tantos apoyos porque su contenido es realmente progresista, porque impide la conformación de monopolios y oligopolios dueños de los multimedios, que concentran la producción de contenidos y los canales de distribución en pocas manos.

El interés público, en esta ley de medios, va de la mano de la consolidación democrática, del derecho individual a elegir y el derecho social y colectivo de producir, transmitir, editar y representar todas las voces.

Esta ley permite que ONG’s, asociaciones civiles, movimientos sociales, universidades, comunidades de pueblos originarios y cooperativas, puedan expresar sus opiniones, sus ideas, sus culturas. Todos ellos adscriben a esta nueva ley; y son los mismos que quieren regresar a décadas oscuras, los que se oponen a su puesta en vigencia inmediata.

Hay que decir también, que de un tiempo a esta parte, hemos iniciado un camino que tiende a remover la perversa cultura menemista que veníamos heredando; aquella que nos presentaba al egoísmo individualista como un modo de vida y nos decía que el Estado era malo y que el mercado lo era todo. Hoy en día, nos encontramos con una sociedad mucho más politizada que hace 10 años; una sociedad que se ve interpelada por medidas coyunturales y se moviliza a partir del debate.

Tenemos que tener presente, que ese espacio de discusión y movilización es de vital importancia para construir un esquema político en el que la población adquiera un rol de participación y compromiso. No podemos ni debemos permitir que dicho espacio se vea corrompido o restringido. Por eso, independientemente de un posicionamiento político determinado, es de suma importancia que contemplemos seriamente, sin tomarlo como un dato menor, este fenómeno de “el monopolio de los medios de comunicación”.

Es necesario que dejemos un lugar a la duda, que nos permitamos la duda. El cuestionamiento, la pregunta y la intriga sobre todo lo que se afirma o niega, nos hace un poco más responsables en nuestro compromiso social permanente como ciudadanos.

Tenemos en nuestras manos la irrenunciable tarea de elegir a nuestros representantes a través del voto, llenando de vida la democracia representativa. Las elecciones son la mejor expresión de la democracia que tanto nos costo reconquistar, y no podemos restarle interés.

Resulta indispensable, entonces, que tomemos conciencia y llamemos a la autorreflexión, para tener una mirada más crítica en nuestro papel de receptores informativos. Ni creer todo ciegamente, ni negar todo en forma necia. Analicemos, pensemos e investiguemos un poquito por nuestra cuenta, con criterio y racionalidad, para ser más comprometidos con nuestro derecho y obligación social de elegir a los gobernantes.

Recordemos que, como decía Bertolt Brecht, “el peor analfabeto es el analfabeto político. El no oye, no habla, no participa de lo acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.”

Seamos más responsables con nosotros mismos y con la gente que nos rodea, estamos eligiendo y creando futuro. Hagámoslo con convicción, determinación y prudencia, a partir de la verdad.

Juventud FPP.

Publicado por la JPP cuando comenzaban las discusiones sobre la ley de medios.