Asumió
Fernando Muñoz como diputado por el Bloque Frente Progresista Popular
Síntesis de las intervenciones de los
diputados Ibarra y Muñoz durante la sesión en que Fernando Muñoz prestó
juramento como diputado comprometiéndose por la Patria a desempeñar fielmente
el cargo de diputado y obrar en todo de conformidad con lo que prescriben la
Constitución Nacional y la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.
Aníbal
Ibarra
- Quiero referirme muy brevemente a quien hoy asume en reemplazo de Susana
Rinaldi, que es Fernando Muñoz, un compañero, un amigo de la militancia desde
hace ya casi dos décadas. Su militancia no comenzó en el momento en que se
juntaron esos caminos con el Frente Grande. Él empezó mucho antes, desde el peronismo,
desde los quince años, cuando se acercó al Sindicato de Farmacias, que era conducido
por Jorge Di Pascuale, quien fue desaparecido por la dictadura. (Aplausos).
Fernando Muñoz empezó a militar allí. Esos
fueron los comienzos de Fernando en su militancia política. Después, renunció a
su participación en el peronismo, allá por diciembre del año ‟90, a raíz de los indultos firmados por el
entonces presidente Menem, lo cual demostraba una actitud política que mantuvo
hasta ahora. Luego militó mucho con Germán Abdala, con ese peronismo muy
vinculado con lo social, con los que menos tienen, con el trabajo militante.
Todos recordamos lo que fue Germán Abdala, y Fernando se formó políticamente al
lado suyo.
Luego compartimos con muchos compañeros y
compañeras.-no voy a mencionar a todos, pero quiero destacar a María Elena
Naddeo, “Tito” Nenna, Delia Bisutti, “Chacho” Álvarez, “Juampi” Cafiero,
Eduardo Jozami y a todos los que lo fuimos conformando- el Frente Grande.
Fueron años de pelea política que hasta el día de hoy nos mantuvieron unidos.
También trabajó conmigo en mi primera
campaña para Jefe de Gobierno. Fue titular del Centro de Gestión y
Participación de la zona de Caballito. Luego trabajó mucho en mi gobierno con
las cooperativas y con las fábricas recuperadas, siempre con un perfil de fuerte
compromiso social. Además trabajó con micro emprendimientos, cuando
atravesábamos la crisis 2001/2002 y el Estado se acercaba a aquellos que, de lo
contrario, se caerían del mapa. Ese era y es Fernando Muñoz.
Luego nos acompañó en esta Casa trabajando
legislativamente y militando. Simplemente, digo en forma rápida que quien llega
hoy a las bancas no es alguien que se incorporó a la política hace unos días,
sino que lo hizo desde su adolescencia, siempre manteniendo una misma línea de
compromiso con esa militancia social, con los derechos humanos. La verdad es
que para mí es un orgullo que hoy podamos compartir el bloque y que esté en
esta banca de esta Legislatura.
Expreso que la decisión de Eduardo Epszteyn
de proseguir en la Auditoría fue de tipo personal y político, vinculada con un
trabajo de todo el espacio y que permite fortalecer una construcción colectiva. Por
medio de estas palabras le doy la bienvenida a Fernando Muñoz.
A su vez, quiero decir que hemos sumado
otro legislador que será incansable en la defensa de los derechos de los que
menos tienen pero, sobre todo, en la militancia política que tuvo desde
aquellos quince años y que mantiene hasta el presente. (Aplausos).
Tiene la palabra el diputado Muñoz.
(Aplausos).
Fernando
Muñoz
- Señor presidente: estoy muy conmovido. Pensaba en ese momento tan particular
y privilegiado que tenemos unos pocos, como es el momento del compromiso, de la
jura; ese momento en el que elegimos entre cinco fórmulas diferentes de jurar o
comprometernos y uno debe tomar una primera decisión que tiene que ver con los principios,
con las costumbres y con las tradiciones personales.
Pensaba en los invitados y en los muchos
compañeros militantes con los cuales hemos caminado y nos hemos tropezado
juntos. También pensaba en la familia y en los aplausos; pensaba que ese puede
ser un momento fugaz, apenas una foto que simplemente quedará para el recuerdo.
Pero soy consciente de que estoy ocupando
una banca que pertenecía a la compañera Susana Rinaldi. Es curioso: con Susana
hemos compartido charlas muy extensas, sobre todo durante los últimos dos años,
y hemos encontrado muchísimas coincidencias. Digo que es curioso, porque
paradójicamente jamás hubiera imaginado en mi militancia desde hace dos décadas
–o antes inclusive– que iba a compartir con Susana Rinaldi un lugar común, un
lugar de interpretación legislativa, una misma lista, una misma banca, ya que
veníamos de tradiciones muy diferentes. Sin embargo, la historia nos sorprendió
una vez más, y sobre todo esta década, en cuanto a lo que significó para
nuestras diferentes historias personales con Susana, como las conquistas de las
libertades individuales, sobre todo; esa tensión permanente que hay entre los
derechos colectivos y los derechos sectoriales, así como también esa tensión
permanente que hay sobre avanzar y no retroceder. Eso fue lo que de alguna
manera, con matices, nos juntó con Susana y hemos compartido, a partir de lo
que han sido las banderas, estos últimos años.
Hay otro factor que fue fundamental y que
es el rol que tuvo mi presidente de bloque, Aníbal Ibarra, al tomar la decisión
hace tres años atrás de apostar a la política, de abrir el espacio, y de
convocar a Susana. A una Susana que, perfectamente y muy bien, asumía una
orgánica muy cercana a la nuestra. Para nosotros fue muy importante que en esos
momentos Aníbal ampliara la mirada y convocara a Susana.
Aníbal nombró a alguien que tiene mucho que
ver en la historia, sobre todo, de mi formación: a un tipo de cuerpo pequeño,
de costumbre de poner siempre las manos cruzadas adelante para escuchar, pero
enorme como dirigente, enorme como orador, enorme en su totalidad, como fue
Jorge Di Pascuale, quien fuera tan pequeño y tan grande a la vez. (Aplausos).
Jorge tuvo la vergüenza de estar exiliado en el „75 cuando estaba amenazado por
la Triple A y tuvo que volver porque no se “bancaba” el exilio. Después de toda
su historia como dirigente gremial, como dirigente social, con todas sus
cárceles encima tuvo que estar en Venezuela en esos momentos. Recuerdo que los
compañeros de la CLAT, la Central Latinoamericana de Trabajadores, lo habían
acogido y le habían dado el apoyo para que pudiera salir del país. Y Jorgito Di
Pascuale que, con esa vergüenza tan particular, no soportaba el exilio, volvió
para que la dictadura lo “chupara”, lo secuestrara y lo desapareciera. Jorge es
muy grande, fue muy grande. Y es muy grande también que haya compañeros como el
equipo de antropólogos forenses que merecen un homenaje enorme de todos
nosotros, ya que fueron quienes recuperaron los restos de Jorge en el
cementerio de Avellaneda. (Aplausos).
Para terminar, quiero unir dos puntas que
para mí son centrales, por lo menos, en lo contemporáneo, en lo que nos toca o
lo que me toca. Digo que quiero unir dos puntas porque otro gran dirigente de
cuerpo muy castigado fue Germán Abdala… (Aplausos).
Decía que Germán fue de cuerpo golpeado, de
cuerpo sufrido, fue enorme también y tuvo una voluntad de hierro hasta el
último minuto. Me sorprendió mucho la última vez que hablamos y que pudimos
hacerlo de pie, porque fue el último día antes de que empezara a usar silla de
ruedas. Yo me manifestaba preocupado y hasta me costaba hablar con él, porque
lo veía con tanto dolor físico. En esos momentos, Germán me repitió unas
palabras que yo había leído en un libro de John William Cooke, en el que decía
que no importaba todo el sacrificio, que no iba a ser en vano, que la historia
iba a reconocer todo el esfuerzo, todo el sacrificio y todas las peleas de la
clase trabajadora y del pueblo. A mí me asombró que él, con ese dolor, pudiera
estar pensando en el futuro. Siempre recordaré esas dos grandes figuras, y
todos los días asumiré este compromiso, sobre todo por las muchas enseñanzas
que me dejó Germán en sus últimos días de vida: más allá de las circunstancias políticas,
las coyunturas o el partido en que uno milite, los trabajadores en sus distintas
formas, con toda la metamorfosis de los últimos cuarenta años, los desocupados,
las cooperativas, los que pelean por la vivienda y los que defienden la salud
pública y la educación, en todos estos casos, siempre trasciende el movimiento
social.
Conozco aquí a luchadores sociales y
políticos, compañeros y compañeras con quienes, más allá de las diferencias
circunstanciales, la historia siempre nos termina encontrando en el mismo
lugar. Hacia ese lugar permanente es adonde creo que hay que ir y hacia ese
lugar trataré de aportar desde esta humilde banca. (Aplausos).

