Lanata contra un chico de 11 años
“¿De dónde salió este chico?”, se
pregunta Lanata en su habitual monólogo dominical en Canal 13, como si le
indignara profundamente que un chico de 11 años tenga ideas políticas.
Y sí, lo indigna. Lo asusta. A él y a
los sectores político-empresariales que representa. ¿Por qué? Porque para la
derecha no hay nada mejor que una sociedad despolitizada.
Ciudadanos que no miren lo que pasa,
que se encierren en sí mismos, que se queden en sus casas. Que no opinen. Que
no pregunten. Que no participen.
En la última década, luego del
estallido del 2001 y de la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner, una
gran parte de la sociedad salió del letargo y la desmovilización que produjeron
la dictadura militar y la infame década menemista.
La gente empezó a salir a las calles,
a involucrarse, a participar, a militar políticamente.
Y, dentro de esa gente, los que más
volvieron a creer y a involucrarse fueron los/las jóvenes.
Jóvenes que antes descreían de todo,
que pensaban que la política era mala, sucia y fea. Que no eran
conscientes de su capacidad transformadora de la realidad. Jóvenes con
ideas, con propuestas.
Jóvenes que ahora se movilizan, que
llenan plazas, que reclaman, que trabajan en los barrios, que defienden sus
ideas.
Hoy nuestro país está –para bien de
todos- muy politizado.
Y esto incomoda sobremanera a los
sectores concentrados de la economía, al establishment.
Pero la gota que rebalsa el vaso
neoliberal es que un chico de 11 años pueda elaborar un discurso político. Que
diga que quiere ser presidente, y que diga que quiere ser como el presidente
que inició este proyecto nacional y popular.
Ahora la derecha no sólo tiene que
soportar a esos jóvenes comprometidos que participan activamente en la política
partidaria, sino que además ven comprometido el futuro con este niño que sueña
con mejorar la tierra donde vive.
Lanata continúa su monólogo
diciéndole a Casey: “no tenés la más puta idea de lo que estás diciendo.
Estás repitiendo cosas que escuchaste (…) no podés hablar como Aníbal
Fernández, tenés que ser chico”
El periodista le dice al chico que no
opine. Que no tiene de derecho a hablar de política porque no sabe.
El que no sabe, en este caso, es
Lanata.
Esa expresión, esa “politización” de
Casey que tanto escandaliza al periodista de Clarín, está garantizada por la
Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley nacional 26.601 y la Ley 114 de
la Ciudad de Buenos Aires.
En su artículo 33, la ley 114 de la
Ciudad de Buenos Aires se refiere al derecho a la libre expresión, información
y participación;
“ (…)Las niñas, niños y
adolescentes tienen derecho a:
informarse, opinar y expresarse;
creer y profesar cultos religiosos;
participar en la vida política;
asociarse y celebrar reuniones;
usar, transitar y permanecer en los
espacios públicos.”
También garantiza en su artículo 15
que “Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la integridad
biopsicosocial, a la intimidad, a la privacidad, a la autonomía de valores,
ideas o creencias y a sus espacios y objetos personales.”
Casey es acusado de repetir lo que le
dice su familia.
¿El chico está influenciado por las
creencias de sus padres? Por supuesto. ¿Quién no?
¿El chico está influenciado por lo
que ve en la televisión? Sin dudas. ¿Quién no?
¿Eso lo inhabilita para pensar y
expresar sus ideas? De ninguna manera.
Todos nacemos en familias con ideas
políticas, donde cada integrante tiene sus preferencias, sus ideologías. Todos
nos hemos visto influenciados en mayor o menor medida por las discusiones o
debates políticos en nuestros hogares. Hacer nuestras total o parcialmente las
ideas de nuestras familias no es un disvalor, ni algo fuera de lo común.
También vivimos –y los/as niños más-
sometidos al bombardeo constante de la televisión. Programas políticos,
humorísticos, telenovelas, policiales, etc. Vemos noticias sobre crímenes
aberrantes, dibujitos animados, debates entre candidatos o mujeres bailando
semidesnudas alrededor de un caño. Pero a Lanata, la influencia mediática
constante hacia los/as niños/as no parece molestarle.
Lanata, que dice querer proteger al
niño del lavado de cerebro que le hacen sus padres, llega al terreno de la
difamación y la denigración, preguntando y afirmando “¿Es el hijo de
Goebbels? Es el hijo del Ministro de Propaganda de Hitler”. ¿Es
necesario decirle a un chico de 11 años que su padre es sinónimo de nazismo?
Para Lanata sí.
Finalmente, para ser completamente
funcional a los intereses que representa, el periodista le dice al chico que no
se involucre en política, que no exprese sus opiniones, que no escuche a sus
padres. Fiel a la idea de que lo mejor para los jóvenes es desentenderse de la
realidad, Lanata manda a Casey a vivir en una burbuja: “Andá a Disney, o jugá a
la PlayStation”.
Aníbal Ibarra
REPUDIO
El diputado Aníbal Ibarra (FPP) presentó un proyecto para que la Legislatura exprese su repudio por las declaraciones vertidas en su programa por el periodista Jorge Lanata, contrarias a los derechos consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, la ley nacional 26.061 y la ley 114 de esta Ciudad, al denigrar las opiniones de un niño y a su persona en total contraposición con la normativa nombrada.

