El ex jefe de Gobierno -precandidato en la
interna del FpV- compartió un café con Infobae y habló de todo. Destacó que parte del electorado aún lo elige porque
sabe que fue destituido por la utilización política de la tragedia de Cromañón.
Y aseguró que puede superar al macrismo en segunda vuelta
Aníbal Ibarra se mueve con soltura. En el
primer contacto con cuatro periodistas de Infobae saluda a todos con una
sonrisa y rompe el hielo con una frase que descoloca: "Me estoy entrenando porque escalo montañas
y eso exige un buen estado físico".
Hacer cumbre a 6.000 metros de altura
parece un desafío menor si se lo compara con el objetivo que se propone: volver
a ser jefe de Gobierno por tercera vez, con la mochila de haber sido destituido
por la tragedia de Cromañón. Tiene claro que es complicado, pero jura que tiene
fe porque "los números dan bien".
A segundos del inicio de la entrevista que
se realiza en un bar de Palermo, se acomoda en la cabecera de la mesa, pide un
café espresso y dice que está dispuesto a "charlar de lo que
quieran". Admite que volver a la primera plana de la pelea electoral -como
uno de los siete precandidatos del Frente para la Victoria- lo motiva. Y
asegura que está "cabeza a cabeza" con Mariano Recalde, su principal
rival en la interna kirchnerista.
"Aníbal
sí les gana", garantizan los carteles que promocionan su candidatura,
en una obvia referencia al macrismo. Pero Ibarra sabe bien que eso parece una
utopía porque en el ambiente (y en cada entrevista) sobrevuela el fantasma de
Cromañón. Por eso se adelanta y tira el tema sobre la mesa antes de que se lo
recuerden. Lo exorciza.
"Fue
una tragedia tremenda, dolorosísima, que a mí me marcó de por vida. Pero el
macrismo y otros, incluso de adentro, lo
aprovecharon políticamente: cerraron con Jorge Telerman (entonces era su
vicejefe de Gobierno) y se quedaron con el poder. En eso fue exitoso el macrismo", rememora con un dejo de
amargura.
Jura que en este nuevo intento por volver a
gobernar la Ciudad "no hay odio ni
revancha", pero el tema lo estremece: "A mí ni siquiera me citaron de la Justicia, eh... No esperaron,
actuaron rápido y se quedaron con el gobierno. Yo creo que hay que entrar con
los votos e irse con los votos".
A casi una década de su destitución, el
legislador porteño recuerda que sufrió "un bombardeo mediático" que lo llevó a vivir "algunas situaciones incómodas" en
la vía pública, pero marca una diferencia relevante: "En este caso sólo fueron contra mí. Yo no le dije a (Mauricio)
Macri que se tenía que ir cuando lo procesaron por asociación ilícita; tampoco
cuando ocurrió lo de Iron Mountain o lo del boliche Beara".
Ibarra mira fijo a los ojos de su
interlocutor cuando habla, refuerza los tonos y enfatiza con las manos para
expresar que, pese a todo, nunca se le
pasó por la cabeza abandonar la política: "Hice todo lo mejor que
pude, siempre di la cara y fui
respetuoso con el dolor de los padres, nunca voy a polemizar con ellos".
"Además, si en las elecciones posteriores hubiera sacado el 0,2%, todavía...
pero en 2007 me presenté y mi lista fue la segunda más votada. Hay
candidatos que sacaron menos del 1% y siguen presentándose. Puede haber gente que quiere que me retire
de la política, pero hay otra que no y me vota", resalta Ibarra.
A un costado de la mesa, los dos asesores
de prensa que lo acompañan a todos lados escuchan las preguntas con atención y
sonríen ante cada salida elegante del legislador que se declara "kirchnerista y defensor del modelo por
convicción, no como otros que se acercaron al calor del poder".
Un sorbo de café pone un freno y sugiere
una vuelta de página. El clima se distiende. Es tiempo de hablar de las PASO
porteñas: Ibarra siente que tiene "un
plus" sobre el resto de los candidatos porque fue jefe de Gobierno dos veces y sus contrincantes no conocen la
cocina del cargo. "Yo le gané a
(Domingo) Cavallo, le gané a (Mauricio) Macri y estuve ahí adentro, sé lo que
se puede hacer y lo que no. Así que estoy en condiciones de vencer al PRO en
segunda vuelta", vaticina.
El optimismo no implica negación de la
realidad: Ibarra reconoce que bajo su gestión "la Ciudad estaba llena de
baches", pero explica que la falta de recursos (sobre todo tras la crisis
de 2001) lo obligó a priorizar "el aumento de las becas" escolares.
Por eso considera que su mejor campaña es recordar las cosas que hizo cuando
lideró la CABA, cuando su presupuesto de "3.000 millones de dólares"
era ínfimo al lado de "los 10.000 que hoy tiene Macri". "Así hice tres líneas de subte y tenía otras
tres en licitación", recuerda.
Sueña con dar el golpe, aunque admite que
perdió buena parte de las votantes femeninas porque ya no está "en las
mismas condiciones" estéticas que hace 9 años. De todos modos afirma que
no es "para nada coqueto" y jura que ya no lo mortifica la escasez
capilar: "Eso fue en otro momento, hoy me preocupa correr 10 kilómetros en
menos de una hora porque no puedo bajar ese tiempo".
Los tiempos de ocio los dedica al deporte:
además de entrenar, juega varias veces por semana al fútbol y va a ver a River
cada vez que el equipo de Marcelo Gallardo se presenta en el estadio
Monumental. También lee y mira series, pero evita House of Cards. "Tiene
mucho que ver con la política y me produce una cuestión... yo soy medio
inocente, soy un pichi en eso. Así que no la miro porque tal vez aprendo cosas
que no me gustan", fundamenta.
El tiempo del humor se agota, al igual que
una entrevista que ya lleva 48 minutos. Sólo queda tiempo para la última pregunta:
"¿Si en caso de perder es mi última postulación a jefe de Gobierno? Una
cosa es sacar el 0,2% de los votos y otra obtener un resultado muy distinto. En
cualquier contexto, seguiré escalando, leyendo y jugando al futbol, así
que...". Está claro, Ibarra intentará una y otra vez subir a la cima de la
montaña, por más empinada que parezca.
CAFÉ POLÍTICO
Participaron
del café:
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Leonardo Tagliabúe (@leotagliabue)
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Juan Graña (@juangraa)
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Marcos Quintans (@MQG)
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Federico Mayol (@fedemayol)
Publicado en
Infobae








