La
persecución judicial de Gerardo Morales. Testigos inventados que trabajan para
el gobernador, un juicio sin pruebas y el reclamo de la comunidad
internacional.
El día 21 pasado asistí al juicio que se
está llevando adelante en Jujuy contra Milagro Sala y otros dos militantes
sociales, Graciela López y Roberto Salvatierra. Podía –y debía- haber sido la
última jornada. Ayer debió dictarse sentencia pero el Tribunal la postergó
hasta el próximo miércoles 27.
El proceso es escandaloso y sólo se
entiende en el marco de la persecución de Morales a Milagro Sala. Es un juicio
sostenido e impulsado desde la política y se nota.
Fabricar juicios e inventar pruebas para
detener o criminalizar a opositores o militantes políticos es propio de las
dictaduras o de gobiernos autoritarios. El gobernador Morales ingresó en ese
camino incluso con un discurso que nos recuerda al que tuvieron los militares
frente a los reclamos de los organismos internacionales por los desaparecidos.
Decir que esos organismos internacionales no conocían la realidad argentina,
que sus reclamos eran fruto de subversivos en el exilio y que los argentinos
éramos “derechos y humanos” es muy parecido a lo que ahora hace Morales frente
al pedido de la ONU y otros organismos para que se libere a Milagro Sala a
quien consideran una persona arbitrariamente detenida. “Son organismos
influenciados por los operadores kirchneristas, no conocen la realidad de nuestro país y ni siquiera
saben dónde queda la Argentina y en Jujuy reina la paz y la concordia”. De
muchos radicales que se jugaron la vida en la dictadura –e incluso la perdieron-
peleando por la libertad de detenidos políticos y presentando hábeas corpus por
los desaparecidos pasamos a una dirigencia radical que cierra filas alrededor
de Morales no para pedir la libertad de nadie sino para mantener ilegal y
arbitrariamente detenida a una dirigente social que ya lleva casi un año entre
rejas sin condena.
El juicio contra Milagro Sala por un
escrache con huevos en el que ni siquiera participó es una muestra de la
decisión de Morales de cobrarse la política con prisiones de dirigentes
sociales con los que tiene viejas disputas y que, según él, le complican la
gobernabilidad. Utilizar un Poder Judicial sumiso y con funcionarios que le
responden como empleados es un método de persecución política que debiera
sublevar no sólo a quienes tienen un pensamiento progresista sino también a
quienes exhiben un espíritu republicano y liberal.
Este juicio debió haber sido presenciado
por quienes sostienen que la detención de Milagro Sala es sólo una cuestión
judicial, por quienes dicen que no es una perseguida política y por quienes afirman
que los procesos judiciales en Jujuy son regulares e independientes. La mejor
prueba de la fabricación de un juicio y de la invención de pruebas contra
Milagro Sala, la mejor prueba de la persecución política está en las
audiencias, en los testimonios y en los alegatos. Presenciarlo genera bronca e
impotencia pero, sobre todo, aclara y convence. El juicio muestra y saca a la
superficie la inocencia y la persecución, la dignidad y la mediocridad, la
verdad y la mentira.
Nadie vio a Milagro Sala en el lugar en
donde se arrojaron huevos antes de que comenzara una actividad convocada por el
entonces senador Morales por la sencilla razón de que estaba a 50 km. de allí.
Tampoco nadie invocó su nombre ni vio a persona alguna de la Tupac Amaru. No
había banderas de esa organización ni personas que llevaran la remera de los
tupaqueros. Ese día el único que nombró a Milagro Sala fue Morales quien dijo
en alta voz “a ustedes los mandó Milagro…”, sin tener ni un solo dato o
referencia que le permitiera suponer tal cosa. Sólo su obsesión con Milagro
Sala explica semejante acusación, inmediata y vacía.
Entonces, luego de un año, aparece René
Arellano, el testigo que presentaron los abogados de Morales quien relató
supuestas reuniones en la casa de Milagro Sala (a las que según él había
asistido junto con su esposa) y en las cuales aquélla le había dicho que debía
ir a escrachar al entonces senador, amenazándolo con graves consecuencias si no
lo hacía.
Arellano es un testigo falso preparado por
los abogados de Morales para inculpar a Milagro Sala por un hecho en el que no
había participado y ni siquiera había estado presente. Él dijo, ante preguntas
de la defensa, que llegó hasta el abogado de Morales de casualidad, en los
pasillos de la Legislatura provincial luego de recorrer los despachos de
legisladores de diferentes bloques. En cambio, su esposa declaró que fueron a
verlo expresamente a sugerencia del actual embajador en Bolivia, “Chiqui”
Alvarez García. O una cosa o la otra…
También Arellano declaró bajo juramento que
luego de negarse a participar en el escrache dejó de trabajar en la Tupac Amaru
(octubre del año 2009) mientras que en otra causa declaró, también bajo
juramento, que estuvo vinculado a la Tupac hasta junio del 2010.
Pero como los testigos falsos suelen mentir
por interés, léase dinero, Morales lo hizo nombrar en la gobernación de Jujuy,
en julio de este año, con la máxima categoría administrativa no profesional, la
número 24, y con un sueldo de aproximadamente 15.000 pesos. O sea que el testigo
presentado por los abogados de Morales un año después de los huevazos era
empleado de Morales y había conseguido el “empleo” pocos meses antes de tener
que declarar en el juicio oral.
Pero eso no es lo más grave. Lo más grave
es que Arellano mintió y ocultó su “trabajo” en la gobernación del querellante
y perseguidor de Milagro Sala. Cuando la defensa le preguntó sobre su
actualidad laboral dijo que era desocupado y que nunca había trabajado en el
Estado. Pero lo descubrieron.
O sea que el único sostén de una acusación
endeble y carente de pruebas era el testimonio de un mentiroso serial, que está
a sueldo del querellante y que mintió sobre esa vinculación.
En cualquier proceso esto es un papelón y
no sólo debiera denunciarse al falso testigo sino también investigarse a los
abogados y al propio querellante. Pero en Jujuy puede pasar cualquier cosa.
Puede pasar que a pesar de todo Morales pida 8 años de prisión para Milagro
Sala, la misma pena que tiene el homicidio simple en su escala menor. O que la
Fiscalía considere como agravante ser una dirigente social.
Una reflexión técnica: a Milagro Sala la
acusan por instigación a cometer los delitos de amenazas y daño (dicho de otra
manera, que ella instigó a Arellano a cometer el escrache). Instigar es
convencer a otro, es meterle a otro en la cabeza la idea de cometer un delito
(idea que la otra persona no tenía). Pero para que la instigación sea punible o
pueda ser castigada es necesario que esa otra persona cometa el delito
instigado. Si no lo comete o ni siquiera lo intenta no existe instigación.
Sería una instigación fallida o un intento de instigación que no se castiga en
el derecho penal porque el intento de que cometa esos delitos no resultó
suficiente.
Pues bien, según dijo el mentiroso de
Arellano, luego de que Milagro Sala le dijera que debía ir al escrache él se
negó, se levantó y se fue. Por supuesto que Arellano no estuvo el día de los
huevazos, por lo que, aun en su versión, no hubo instigación alguna ya que él
ni siquiera fue al escrache, no cometió ni intentó cometer el hecho
supuestamente instigado.
O sea que no hay pruebas que vinculen a
Milagro Sala con los hechos y tampoco hay delito alguno siquiera en la versión
mentirosa del falso testigo aportado por Morales. No hay nada, pero
absolutamente nada, para condenar a Milagro Sala por los huevazos y la rotura
de vidrios.
Por su parte, Milagro Sala dijo que no
participó en los huevazos y que tampoco lo organizó. Todos los testigos
coinciden: ella no estuvo. Los otros procesados (López y Salvatierra) dijeron
que fueron por ellos mismos, que nadie los mandó y que pertenecen a otra
organización social y no a la Tupac.
Todavía retumban en la sala de audiencias
las palabras de Milagro Sala: “Si yo hubiese organizado algo, voy a la cabeza.
Siempre doy la cara. No estoy acostumbrada a hacer perder a mis compañeros”
Aníbal
Ibarra.
