Se apaga la democracia?

El gobierno de las corporaciones y el Fondo Monetario encabezado por Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Rodríguez Larreta, sin respuestas ante la hecatombe económica y social que ellos mismos provocaron, decidieron patear el tablero y desatar una crisis política de proporciones.

Eso y no otra cosa es el incalificable ataque a la oposición, haciendo el centro en su sector más consecuente y numeroso: el Kirchnerismo y su referente la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Pero el recrudecimiento del proceso de demolición de la democracia, que comenzó el primer dia del gobierno de Macri, se reanuda con fuerza afectando a toda la sociedad: es muy difícil sobreestimar el carácter represivo y antinacional del decreto presidencial que cambia la doctrina de las FFAA burlándose del congreso y de las leyes que refundaron las instituciones de la república hace 35 años y amenaza con utilizar a los militares para reprimir a su propio pueblo mientras nos ata a la política y el dispositivo militar que montó EEUU para la región y que se maneja desde el despacho del energúmeno del Norte, Donald Trump. 

Mientras la utilización de jueces y tribunales obedientes y venales para perseguir y encarcelar opositores llega a límites insostenibles en Jujuy martirizando y poniendo en riesgo la vida de Milagro Sala y sus compañeros, en el siniestro recinto de Comodoro Py se montan operativos con el sello nítido de los servicios de inteligencia.

Detenciones arbitrarias con el objetivo de intimidar y arrancar confesiones y autoinculpaciones bajo presión; empresarios de la familia del presidente y sus socios que actúan primero de acusados para inmediatamente ser convertidos en “arrepentidos” y sin solución de continuidad en denunciadores de presuntos delitos de extorsión de los que habrían sido víctimas, cuando todos saben que son la flor y nata de la Patria Contratista de donde proviene el propio Presidente y que están embarrados por la corrupción de la obra pública de todas las épocas empezando por la época de plomo y sangre de la dictadura donde muchos de ellos iniciaron sus fortunas.

La condena en primera instancia a Amado Boudou es presentada por el gobierno como el signo de la nueva época que se inicia; y creo que lo dicen de verdad: es una sentencia sin pruebas, basada en las denuncias de arrepentidos y en suposiciones, que impone una pena en el límite máximo de lo que corresponde al delito que se imputa, que decreta la muerte política de una figura importante al inhabilitarlo de por vida y que lo encarcela inmediatamente sin que haya sentencia firme ni riesgo procesal.

La fuente del consenso social que pueda tener esta condena proviene, no de su justicia, sino del meticuloso y prolongado proceso de demolición y estigmatización de su figura por los medios durante años, en venganza porque estatizó los fondos de pensión y terminó con el curro escandaloso de las AFJP.

Ese es el futuro que nos espera a los opositores si caemos en las garras del autoritarismo del neoliberalismo y sus jueces y tribunales de la nueva inquisición.

No hay duda que la conducta de los que gobiernan apunta a eliminar a la oposición, demostrar que nadie más que la derecha puede gobernar el país y que solo puede haber una oposición que se parezca a ellos. Y puestos en ese camino no cabe duda de que a la ex presidenta la amenazan nuevas y espectaculares acusaciones, intentos de proscripción y de encarcelamiento.

El cuadro se podría resumir así: el blanco del ataque es Cristina y el Kirchnerismo, los dirigentes sindicales y del movimiento social que no pactan ni se entregan y los defensores de los derechos humanos. La victima es la democracia, o sea la sociedad entera.

Sé que es difícil creer en esto. Que a 35 años haya quienes intenten apagar la democracia, terminar con el estado de derecho y destruir las conquistas sociales y el ingreso popular, para peor con algunas posibilidades de éxito. Pero esta es la cruda realidad con que nos enfrentamos y hay que mirarla de frente: no habrá 2019 para el campo popular si esas nefastas intenciones se abren paso.

Pero hablamos de crisis política porque el escenario tiene otros componentes centrales:

Una polifonía de conflictos sociales y resistencia popular creciente; una fuerte tendencia a la unidad de la verdadera oposición y un despertar latinoamericano que ya dio frutos maravillosos en el triunfo de López Obrador en México y que promete nuevos con la heroica batalla de Lula y el PT en Brasil y la resistencia del chavismo en Venezuela.

Hay crisis política cuando chocan por lo menos dos fuerzas contrapuestas. Y nosotros, que estamos en la cancha, nos preparamos para triunfar.

*Integrante de Espacio Popular